«Es con los cinco sentidos con lo que comprendemos el mundo» | Entrevista a Ryōko Sekiguchi

Ryōko Sekiguchi [RS] El lugar que ocupa Japón y Francia cambia constantemente y, sobre todo, en lo que concierne a los textos que trabajo. Por ejemplo, si escribo sobre Beirut es desde el punto de vista francés y japonés, ya que conozco el Líbano desde la mirada francesa; pero como también soy del Medio Oriente y hay cosas que comparto con el lugar, por lo que en ese sentido es también desde el lado japonés. No puedo hacer una distinción clara entre el lugar que ocupa Japón y Francia porque, incluso de manera inconsciente cuando elijo un tema, opto por uno que sea oriental y occidental a la vez.

[RS] No es solo entre Japón y Francia, he viajado mucho por países árabes. He estado en Argelia, Marruecos, Túnez, Líbano, Turquía, Uzbekistán… He aprendido incluso un poco de persa. También he vivido un año en Roma y he aprendido italiano. Por ello, cuando escribo utilizo todo esto. Mi libro Série Grenade habla de las fuentes y jardines botánicos, a consecuencia de haber veraneado allí durante 10 años. Me sirvo de mis viajes para mis obras.

[RS] Para mí, escribir no es algo difícil, es algo que hago todos los días. Por supuesto que hay momentos donde se complica, pero no es algo fatal. Creo que es porque escribo mucho y uso la voz de los otros. En mis libros incluyo a muchas personas que me han hablado en diferentes encuentros. Por lo tanto, pienso que si hubiera estado sola escribiendo desde cero, quizás habría sido difícil, pero tengo la impresión de ser como una cartera. Cada vez que la gente me cuenta historias es como si me dieran cartas que tengo que llevárselas a alguien. Eso es lo que significa para mí escribir. La decisión de escoger un idioma u otro depende del proyecto. Por ejemplo, si se trata de un artículo de una revista japonesa, lo hago en japonés. Con 961 heures à Beyrouth comencé a escribir en francés, ya que la comunicación con los libaneses que conocí era en francés y, además, ellos son francófonos, por lo que si quería transcribir su historia me era más fácil hacerlo en su lengua. Para Venise, millefleurs lo hice en ambos idiomas: algunos capítulos eran en japonés y después intentaba transmitirlo en francés y viceversa. Pero al mismo tiempo hablaba en italiano con los venecianos, fue un poco extraño, así que no era todo en francés o japonés.

[RS] Sí y, además, resulta muy interesante que, en términos de tema y contenido, lo que es importante en la literatura japonesa no lo es para la francesa. Por tanto, la interpretación no es la misma, el feedback de los lectores es diverso. Y eso es curioso, porque es como si fuera la misma persona, pero sus intereses son diferentes. Lo que atrae a los lectores japoneses no necesariamente atrae a los franceses. No es que sean dos obras diferentes, sino que son dos maneras de ver y de interpretar una obra.

[RS] De la parte japonesa he traducido varias veces a Junichirō Tanizaki. Lo que me gusta de él es que ha escrito mucho, en diversos estilos. Es conocido por sus novelas y nouvelles pero también por obras de teatro, ensayos, artículos. Era alguien verdaderamente apasionado por el mundo de la ficción. Encuentro que todo eso es una especie de máquina novelesca que funciona.

[RS] Transmitir el gusto, los gustos, a través del papel es difícil. Lo que hago es anticipar los cinco sentidos. No solo el olor y el gusto, sino también el oído. Acabo de hacer un libreto de radio para France Culture, una obra de ficción y un ensayo sobre la voz, La voz sombra, que ha sido traducido al español. De hecho, menciono esto para mostrar que finalmente es con los cinco sentidos con lo que comprendemos el mundo, son nuestras herramientas, no podemos percibir el mundo sin los cinco sentidos. Ellos ya son un tema literario. Es a través de los sentidos que estamos conectados con el mundo exterior. Encuentro, además, que generalmente en las novelas nos centramos mucho en la psicología de los personajes, en el psicoanálisis. Creo que de eso ya tenemos suficiente.

[RS] Es gracioso, porque a menudo consideramos, por ejemplo, la inteligencia artificial como algo muy actual, muy tecnológico, pero olvidamos que cuando nos inspiramos, olemos1, es algo muy simple realmente. Es algo de lo que somos capaces y esta capacidad es extraordinaria y la estamos olvidando. Los centenares, millares de nervios olfativos que captan y reconocen un olor u otro… Cuando decimos que un olor, que ya está compuesto por, por ejemplo, 200 elementos diferentes y somos, en efecto, nosotros mismos una máquina ultra competente también. Ocurre algo parecido con el sonido. A menudo cuando escuchamos algo o percibimos un sonido, reconocemos una canción en nanosegundos. Es fantástico. Estamos olvidando que nosotros, incluso cuando salimos de nuestro apartamento, cuando vamos a la parada de metro o a cualquier otra parte, no solo oímos, también respiramos. Respiramos unas 20 mil veces cada día. Quiero que la gente sea consciente de ello, como una especie de entrenamiento de sus intercambios con el mundo. El oído es parecido, cuando somos muy sensibles a los sonidos que nos rodean, es algo extraordinario. Además, podemos decir que los niños que tocan música desarrollan la capacidad cognitiva del lenguaje más rápido y de forma más compleja que aquellos que no la escuchan ni la tocan. Al escuchar, ya sea de manera consciente o no, estamos también desarrollando esa capacidad.

[RS] A nivel literario hay un riesgo, la IA es una base de datos enorme que tiene todo lo que se ha escrito y a la cual podemos acceder. Por ejemplo, podemos escribir una frase y pedirle escribir la siguiente y te lo hará de la mejor manera, la más conveniente, pero quién decide eso. Admitimos que lo adecuado es aquello aceptado por todos. Al hacerlo mejor y correcto no dejamos espacio al error. En la base de datos habrá cada vez menos errores. Y a su vez, cada vez menos variedad y menos datos. Tenemos que saber que los errores son importantes, equivocarse es importante. Los errores demuestran nuestra humanidad, las máquinas no yerran, pero nosotros sí. El mundo sin errores, sin faltas es hacia dónde nos dirigimos y eso sí puede ser peligroso a nivel de lengua, va contra las variedades lingüísticas que existen. La IA traduce cada vez más con el español central y esto es una amenaza.

[RS] Si hablamos de la virtualidad como algo que no es real, por supuesto, el mundo de la literatura tampoco lo es. Cuando leemos una novela de Tolkien, no es real. Pero al mismo tiempo, participamos en ello, la literatura es participativa porque hay cosas que nosotros las completamos, que leemos a nuestro ritmo y no al ritmo de una pantalla. Hay un tiempo que perdemos, una cierta temporalidad. Si leemos, por ejemplo, Harry Potter, que tiene libros y libros podemos pasar días leyendo. Esta temporalidad, es lo que pasamos no solo los jóvenes también los adultos delante de una pantalla. Finalmente, hacer algo durante un minuto o 20… corta realmente nuestra vida. Todos conocemos la experiencia de comenzar un libro y no querer parar, de leer capítulo tras capítulo. Y esto es, de hecho, un mundo que no es real, estamos en un mundo ficticio, en un mundo aparte.

[RS] Lo que es extraordinario del hecho de estar traducida al español, es que no solamente recibo mensajes de lectores españoles, sino que también de América latina y de librerías de allí. Es algo fantástico. Siempre me decían que no es el mismo mercado de edición, que no por estar traducida al español, en España, mis libros se encontrarían en países hispanoamericanos. De hecho, quizás menos, pero también recibo mensajes desde allí. Una vez incluso me llegó un mensaje de una lectora española que vivía en Pekín. Son mercados muy diferentes literaria y editorialmente. Además, he tenido mucha suerte de tener a Regina López Muñoz como traductora, quien es fabulosa y siempre me hace preguntas sobre las obras. Es en esas preguntas donde sabemos si es un buen traductor o no. Y eso lo sentimos también a través de los lectores. Para los escritores tener un buen traductor o una buena traductora es un regalo.

[RS] Hay una memoria para la cabeza y una memoria física, por, ejemplo, aprender a montar en bicicleta es memoria física, porque una vez que aprendes no piensas en hacerlo, lo haces directamente. Sin embargo, una persona con problemas cognitivos o que haya perdido la memoria puede tener guardados ciertos recuerdos más sensoriales. En el mundo actual, que es tan vertiginoso, la sociedad va cada vez más rápido, pero nuestro cuerpo no es capaz de ir a la misma velocidad. Si de niño has conocido el frío, tu cuerpo se acuerda de esa sensación. Creo que en lo que respecta a las estaciones es lo mismo, incluso con el cambio climático, el cual es cada vez más veloz, nuestro cuerpo recuerda esas sensaciones. Es una pena que no podamos sentir el mismo frío que hemos conocido hace 20 o 30 años, esto es parte de nuestros archivos del tiempo, nuestro cuerpo conserva esas sensaciones. El peligro está en que las generaciones que vienen después no van a acordarse del frío y no pensarán que el tiempo ha cambiado porque ellos no lo han conocido. Cada uno tiene su propio registro de sensaciones. Todos somos diferentes. Para mí, que he vivido hasta los 18 años en Japón, mis archivos corporales de frío y calor son aquellos que he experimentado allí donde he vivido.

[RS] Esto enriquece el mundo. Normalmente, tenemos miedo de perder la vista porque pensamos que si fuéramos ciegos no tendríamos acceso a una gran cantidad de información. Pero no pensamos qué pasaría si perdiéramos el olfato u otro sentido y el mundo sin ellos sería triste. Estos sentidos vienen a ser como músculos y no los desarrollamos lo suficiente. Si lo hiciéramos, el mundo se presenta más sutil. No lo hacen solo los músicos, es algo que todos podemos hacer, no se necesita dinero tampoco. Incluso un niño es capaz. Y esto es lo que vuelve al mundo verdaderamente complejo. Por supuesto que lo visual es importante, pero no es más que uno de los cinco sentidos. Es algo muy desequilibrado. Todo el mundo tiene miedo a desarrollar problemas cognitivos, como el Alzheimer, y nos olvidamos que antes de tener esos síntomas con anterioridad hemos ido perdiendo sensibilidad olfativa. Reconocemos los síntomas por la disminución del olfato, hay una correlación. Ser sensibles a los otros sentidos cambia también nuestra manera de ver. Yo hice una experiencia de ver una escultura tocando. Miro, por ejemplo, una escultura egipcia tocando a la misma vez que veo la figura. Así recuerdo durante más tiempo los detalles. Cuando miramos un cuadro, como los de Renoir llenos de mujeres, hombres, niños, por lo general, miramos los colores. Yo, en cambio, me pregunto sobre los niños, la gente… ¿que sentían en ese cuadro? Hay niños que juegan, probablemente están sudando, hace sol, hay flores, hojas… Y de golpe, el cuadro se vuelve más animado, ha cambiado la manera como lo veo.

[RS] Puedo decir que soy una escritora post-catástrofe. He aprendido que un país puede desaparecer, no importa cuál, cualquier nación puede derrumbarse, es algo muy frágil. Es muy difícil construir algo, pero para destruirlo no hace falta más de un minuto. Si se piensa en esta pregunta sobre la destrucción, de la catástrofe que queda en la memoria, aquel medio conservamos la memoria. Es verdad que la literatura, cuando nada existe, la literatura lo crea. La literatura no es nada y, al mismo tiempo, sabemos que eso ha existido porque lo leemos en un libro. Es algo que solo los escritores pueden hacer.

[RS] Es una ciudad muy compleja, por supuesto, hermosa… pero al mismo tiempo muy frágil debido a su situación geográfica y al turismo. De hecho, la dificultad que enfrenta es la misma que enfrentan muchos países. La cuestión de la masificación turística, no es exclusiva de Venecia, es también de Barcelona, Kioto, París y hay que añadir a ello el cambio climático. Lo que salva a Venecia son los habitantes que han decidido quedarse, que han decidido preservar el alma de la ciudad, eso es lo que hace que Venecia exista. Y por ello la situación no es tan fácil, aunque es un buen ejemplo de lucha ciudadana.

[RS] La respuesta es simple, todo el mundo dice que Nagori. Pienso que es porque hay algo universal en las estaciones. Hay personas que pueden estar interesadas por Venecia, otras por Beirut, pero nunca hay nadie a la que no le haya interesado las estaciones. Es difícil de encontrar una persona así. Hay mucha gente que lo ofrece como regalo, por lo que es un libro que se ofrece y que se recibe, no es ni muy fácil ni muy difícil. No es una novela que acabe mal. Escoger un libro para alguien es difícil, pero es verdad que a todo el mundo le pueden interesar las estaciones.

  1. Hay aquí un juego inteligente con los significados de la palabra «inspirar». Por un lado, se refiere a coger aire y por el otro la de encontrar una idea que motive o desarrolle una obra u acción. ↩︎

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Ryōko Sekiguchi [Tokio, 1970] desde hace más de 20 años vive en París y escribe en francés. Además de ser traductora y crítica gastronómica, ha publicado varios libros sobre el gusto y la relación entre la literatura y la cocina. Entre sus obras destacan los ensayos Le Club des Gourmets et autres cuisines japonaises (2019) o 961 heures à Beyrouth (2021), con el que obtuvo el galardón de no ficción de la Société des gens de lettres (2022), así como los poemarios Héliotropes (2005) y Adagio ma non troppo (2007). En castellano se han traducido Nagori (2023) que recibió el Coup de Coeur del jurado del Premio Rungis des Gourmets y el Premio Mange, Livre; Calco (2018), La voz sombra (2024). Su último libro se titula Venise, millefleurs (2026).