
La reciente publicación de su obra poética no solo ha generado un necesario debate, sino que ha provocado la reescritura del canon literario peruano del siglo XX. La Generación del 50, —si acaso la más rupturista y determinante camada de poetas, narradores, artistas plásticos y pensadores—modernizó las letras y artes peruanas, pero le queda aún un tema pendiente, ya que cojea desde el punto de vista de género, en especial en el ámbito poético. Ahora, a las ya celebradas Blanca Varela, Cecilia Bustamante, Yolanda Westphalen, Lola Thorne y Julia Ferrer, haremos bien en incluir a Sarina Helfgott, sin olvidar tampoco a otras poetas que continúan a la espera de ser redescubiertas y reintegradas junto a sus pares generacionales. En vida, Helfgott publicó tres poemarios: La luz pródiga (1956), Libro de los muertos (1962) y Ese vasto resplandor (1973) antes de diluirse del escenario poético para dedicarse con mayor interés al teatro hasta el fin de su vida. Mi nombre no es una casualidad. Poesía reunida (1956-1995) recoge estos tres libros junto con fotografías de archivo personal y algunos poemas inéditos, muy apropiados para mostrarnos la evolución y la madurez de una de las voces más intensas y provocadoras de la poesía peruana del siglo pasado. NECESARIA.
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