
Desafiante. Iconoclasta. Estrafalario. Pero, sobre todo, despreciado, subestimado, marginado. Calificativos propios de un verdadero genio. Si ponderáramos cada uno de estos adjetivos y sacáramos una media, el resultado sería «Único». Y lo era. Gerard Pietrus Fieret, conocido también como «el hombrepájaro», fue un artista descastado que transitaba como un orate desahuciado por las calles de La Haya, un poeta acompañado solo por su cámara de 35 mm y una creatividad inagotable y prolífica, dentro de una vida errante, violenta, precaria y dura. Durante la Segunda Guerra Mundial fue enviado por los nazis a hacer trabajos forzados y, tras una serie de penalizaciones y vejaciones por su carácter rebelde e iconoclasta, pudo escapar poco antes de la caída de Hitler. Las secuelas mermaron su lucidez y estabilidad emocional, pero no su producción artística, primero llevándola a cabo entre el dibujo y la poesía y, más adelante, incursionó en la fotografía.
De su expresión y concepción estéticas, destacaríamos esa singular visión y afán trasgresor en reportar su mundo como si fuera un documento, dejando constancia de todo, tal cual se presentaba ante su cámara o ante su escritura. Era poseedor, además, de una ars facit con tendencia hacia lo bizarro, lo cotidiano, lo rechazado… hacia todo aquello que es obviado e ignorado. Con orgullo afirmaba: «Se podría decir que en mi caso la poesía es un poderoso río del que nacen dos fuertes ramificaciones, el dibujo y la fotografía. Al final los tres medios se unifican, se funden.» Su atención estaba dedicada de lleno a esa otra «realidad» que solemos pasar por alto, pero que irradia una belleza particular solo para aquellos que son capaces de observar el mundo con detenimiento y asombro. Una sensibilidad orientada a retratar la perfección de la imperfección.
Si bien su obra fotográfica ha gozado de mayor difusión durante sus últimos años de vida —y, en especial, a modo póstumo—, su poesía, cuya bibliografía está repartida en 10 libros, continúa un tanto relegada, a la espera de ser redescubierta y atendida como se merece. De hecho, en castellano solo existe una traducción de su obra poética, una breve antología que circula casi entre la clandestinidad, por canales alternativos. Los hombrecitos hasselblad, publicado por la editorial Kriller71 en 2019, reúne una treintena de poemas, una decena de fotos y algunos textos en prosa que, en conjunto, cumplen con su principal objetivo: despertar el interés y la curiosidad hacia su arte. Los poemas, muy bien traducidos e introducidos por Nanne Timmer, especialista en Gerard Fieret, dan cuenta de una Holanda en plena transformación social y revolución sexual. Su sencilla y contundente versificación, llena de ironía y humor, hastío y desencanto, abordan temas vitales para él, como su desdoblamiento psíquico, la experiencia humana, su frustración por la incomprensión y el desdén hacia su faceta artística. Una mirada cruda y visceral hacia sí mismo y hacia los demás.
Acercarnos a la obra de Gerard Fieret es otorgarnos la oportunidad de vislumbrar la otra cara de las cosas, de lo que nos rodea y de quienes nos acompañan sin que formen parte de nuestro círculo. La fotografía y la poesía del «hombrepájaro» han ido siempre de la mano, para él no había distinción, pues lo que la imagen reflejaba la escritura la complementaba, y viceversa. Los hombrecitos hasselblad es una perla, muy valiosa y a la vez codiciada que forma parte de un catálogo tan exquisito como lo es el de Kriller71.
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