Un caballo cuando graniza | Ruth Lasters

Para vos dejo mis dedos en estos nudos,
puntadas simples, a medio hacer, en un poco de cuerda. Una habilidad

anterior al fuego, anterior a que deshilvanadas
casualidades llamadas lengua conquistaran nuestra mente
como un único terrón de arena de la costa

una gaviota permanente chilla dentro, en lugar de
por encima. Escondida en mi propia cabeza
a veces hago guardia como un cazador furtivo

esperando averbal la presa en tus
pensamientos, paseo entre aquello que evocás irrepetible
y sin alusión, como anudando colgantes, incontables

escaleras de cuerda
hasta vos.

Stroper

Precisaba un instrumento para medir la distancia entre mí misma
y los demás, una pila de platos, por ejemplo, interpuesta entre alguna gente

y yo, como una competencia por la torre de platos más torcida
que pudiera mantenerse en pie. Con otros me limité a sostener

ante mí la porcelana, como un prematuro donativo para una posible reconciliación futura.
En tu caso reduje la pila a la mitad, formé dos desvencijados asientos en que

nos sentamos a conversar acerca de un absurdo: de jóvenes, tener mucho en común
con otros nos parecía una amenaza a la autenticidad, ya mayores

el temor es, sin embargo, que prescindibles nunca, casi, del todo…
como un mugroso platito debajo del cuenco de leche

para los gatos.

Afstand

Por qué en casos de desesperanza —de quien sea— no adoptamos formaciones
tales como patos de repente contra un remolino de viento

una ve corta. O las espigas en el piso de parqué por ejemplo, en que
como cientos de prójimos, pies encastrados contra coronillas

en cuanto resuene un gong con el que alguno solicite una
temporaria libertad, evacuación de sí mismo, hacia

«la especie». Quizá más viable: aquél que desesperado se introduce
cual contorsionista en una valija que vamos pasando de mano en mano

por las calles, el destino apenas su incondicional estancia. Hasta
que a los golpes abra la valija, se atreva otra vez a sí mismo,

a asirse.

Soort

Exigí el derecho de recorrer la arena con la que harán tus nuevas
ventanas. Es muy diferente mirar a través de los cristales si antes
estuviste paseándote sobre la finísima blancura con la que están fabricadas. Sí, así,

paseándote sin certezas, porque tampoco es que a través del vidrio que será
luego quieras, resuelto, ver todo sin especular, es como usar guantes
para amasar el pan. Y dejar que se te escurran algunos granos entre los dedos ahora

para que así, a través de la futura ventana, se deslice tu mirada
en la mirada de otro acaso con la misma cantidad de partículas expresivas. Pedí,
por último, si es posible que a la vieja, la ventana que hay que cambiar,

una vez más en arena, en un balde, opaca
y así, por fin, ella misma
visible.

Glas

Preparar ahora para después los armarios. A la izquierda del pasillo,
repisas repletas de serpentinas, caviar de trufa, brut rosé

para cuando se cumplan todos nuestros planes. A la derecha, estantes repletos
de mantas, absenta, cigarrillos Silver Filter de anís, para cuando mucho

falle por mala suerte y/o necedad. A menudo nos metemos
cada uno en un estante de abajo, para gritarnos a través de las paredes

todas las mil setenta cosas que pueden salir mal al ejecutar
nuestros planes, por ejemplo, el impulso irresistible de

ponerse una noche a patear, destrozar
ambos muebles, y que el montón de madera alcance para un único ropero nuevo

tan grande que en él podamos descansar ambos, de pie,
contra el otro.

Wanden

Puedo llevarme tu ojo plasmado en un enorme rollo de papel
—minucioso como el deseo mismo— y mostrar diminuto a los demás

las desviaciones que aparecen en el paso de la esfera al
plano, la mirada fija en la representación defectuosa de tu iris

olvidarte después, sólo pensar en las incontables millas
de más que recorrieron los marineros por

elegir un rumbo recto, leyendo mapas, y no navegar por uno
continuamente corregido, más rápido y sinuoso. De su inconsciente pérdida

de tiempo no queda nada, excepto que ahora
te das cuenta —además de que no es plano

el suelo, el horizonte, el interés— de lo más terrenal, lo
más torcido.

Kaart

Que si alguna vez viste
el después de la pirotecnia. Las ramas de humo

no el destello, sino los troncos esponjosos en el mismísimo lugar
en que hace un instante estallaban fuegos. El bosque de aire

que unos segundos después de la extinción emerge
ante tus ojos. El valor residual que en realidad es mayor que

la belleza intencionada de la lluvia de colores. Así también es
—después de que suspirando dijeras que, pese a todo, aun infiel,

seguís queriéndome— lo que queda flotando en la habitación, más bello por
incisivo, terrible e involuntario: lo irreparable

entre nosotros.

Woud

El tiempo es un visor nocturno roto,
hecho fracciones. De ésos con los que, tras arreglarlo, querrías

poder ver en gélida oscuridad
frases que pronunciás humeantes, y su desgaste por el exceso

de uso. No es que esperes rayones, grietas o
flecos en «volver a ver», «ya te llamo», o «regreso a casa», pero sí

algo tangible. También querrías ver cristalino
a través del lente lo novedoso de expresiones como «lúmenes por segundo»,

«derecho de servidumbre», que nunca antes habías usado. Que eso sea
la nada me temo a veces: el excedente de lenguaje de cada uno,

con el que nadie/yo ya no logro
expresarme. «¿No será ese en cierta medida

el sentido, ahí?», dijiste.

Niets

Lo maravilloso del apremio es que siempre duplica
la huida. Vertiginoso resopla de camino el pensamiento, como si
ingresaras al reflejo del galope

de un caballo cuando graniza, sin saber incluso que
una vez que regresa la calma se produce la verdad más espléndida
contra todo lo feo: que los caballos duermen

de pie. Si alguna vez se apuraran todos juntos
—manojos de órganos en fuga—, salvo una única persona,
quien poseerá entonces durante un minuto el derecho exclusivo

de pensar, no pienses, si sos vos, nunca
en mí, sino en que aquéllos que ya no pueden correr
se convierten necesariamente en nuestros furiosos, vociferantes

capitanes.

Haast


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Ruth Lasters [Amberes / Bélgica, 1979] ha publicado los poemarios Vouwplannen (2007), el cual recibió el premio a mejor debut de poesía Het Liegend Konijn 2009 y Lichtmeters (2015), con el que obtuvo el premio Herman De Coninck 2016. En 2023 se publicó su tercer libro de poesía, Tijgerbrood. Es, asimismo, novelista y cuenta en su haber con cuatro títulos: Poolijs, por el que recibió el Premio Flamenco al Mejor Debut Literario en 2007; Feestelijk Zweet (2011); Vlaggenbrief (2014) y VIN (2019). Sitio web de la autora: https://ruthlasters.com/