
Concisa. Punzante. Certera. Esta brevísima novela no necesita mucho para caricaturizar muy bien el pragmatismo y la deshumanización en la que cada vez se ve inmersa la sociedad contemporánea. Ambientada en un futuro distópico, donde los valores y los progresos se miden en base a estadísticas y al utilitarismo, una familia decide comprar un poeta, como quien compra una mascota, sin saber que este nuevo integrante traerá algo que ellos desconocen: libertad y creatividad. Esta inusual transacción será el punto de ruptura en la premeditada y organizada rutina hogareña de la narradora y desde entonces ya nada será lo mismo. Así, la protagonista aprenderá poco a poco a percibir el mundo y su existencia con otros ojos, para luego cuestionarlo y ver cómo su familia, regida por valores de calculadora, se resquebraja e, inevitablemente, se rompe. La clave de la novela está en la ironía y en el humor con los que el autor esboza las situaciones y las acciones, así como en la precisión y la agudeza de los diálogos. Sin ello, Vamos a comprar un poeta sería un libro desolador, un drama que se ve perforado por su propio hiperrealismo y su impacto adolecería de esa contundencia que cautiva. Si hay un libro que leer y releer este año ese es el de Afonso Cruz. IMPRESCINDIBLE.
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