Los hijos imperfectos
Luciana Jazmín Coronado
RIL Editores
2023
42 páginas
Aquellos poemas que se abandonan: sobre Los hijos imperfectos de Luciana Jazmín
Un poème n’est jamais fini, juste abandonné.
Paul Valéry
Leemos esta serie de poemas que parecen tristes. Se explaya ante nuestra mirada una suerte de aprendizaje y entrevemos cómo se valora cada una de las imágenes y de las palabras. Cada sonido tiene un lugar que no debe cambiar para conservar el poema, pero también cada sonido debe ser una puerta entreabierta a otras imágenes y otros espacios. Eso es también lo que señala el epígrafe de Olga Orozco que abre Los hijos imperfectos.
Estos poemas de Luciana Jazmín Coronado se van constituyendo y conformando a medida que se van leyendo, minuciosamente, paso a paso. Quiero decir: cuando me refería a una suerte de aprendizaje, estaba pensando en esa posible variedad de la continuidad y de la transformación. Siempre se puede ser otra cosa y estos poemas se apoyan en parte en esta premisa. Cada nueva imagen que se presenta mientras se suceden los versos es un nuevo acercamiento al mundo y, por lo tanto, un intento de conocerlo de otro modo. Esa variedad es también lo que permite en este conjunto de poemas pensar en un sujeto múltiple, cambiante:
Abrazada a un germen de agua,
me esculpo otra forma
para nacer en familias ajenas
como una pequeña limosna.
Incluso «querer otro nombre» es también parte de este paisaje que se despliega fuera de lo rígido e inamovible. Una voz que sugiere y que recrea un mundo de imágenes donde las cosas escapan y caen.
Quiero entender el camino que se hunde.
Brindo por el fin de las cosas
como un animal abierto a la lluvia.
Pero también en este movimiento pendular que nos propone encontramos una revelación de cómo se puede mirar el mundo. Toda la infancia interviene en la manera de ver cada parte de las cosas, con las palabras más sencillas del día y de la noche, las palabras que no tienen un lugar fijo en la memoria y, por lo tanto, se encuentran en situaciones de sorpresa y descubrimiento, de atención y de conciencia. Incluso parecen recuperar una sabiduría diferente que escapa y se aparta de la lógica y de la ley de aquellos que intentan imprimir y acuñar un paisaje de una sola cara. Estos poemas nos acercan a lo que no es definitivo y nos enfrentan a un continuo cambio, múltiple y necesario:
Te cuentan que las cuevas de roca
se humedecen con la sequía
y preparan lágrimas
para los muertos del futuro.
Sin embargo, también este aprendizaje es solitario. Un recorrido sin atajos donde se observa directamente y se apropia en cada poema un mundo que cambia. Luciana va recuperando en cada uno de estos poemas un hábito que deviene en una experiencia de la palabra, que se pregunta de qué modo un poema puede alterar aquello que hemos heredado como sujetos en un Occidente cada vez más banal. Entrever a través del lenguaje cómo recuperar aquello que siempre ha sido parte de la pérdida.
Asimismo, son poemas donde leemos dos instancias que se entrecruzan, dos enunciados que se distinguen por dos formas de impresión sobre el papel. No son dos voces, sino una que se desdobla y aparece en cursiva y dialoga. Ahora podemos imaginar otro aprendizaje, como respuestas a las preguntas que se proponen en cada verso y en cada imagen. Porque cada verso en este libro puede ser también un secreto que es descubierto y expuesto a través de una serie de imágenes, porque la continuidad de estos poemas no nos infunde respuestas definitivas, sino abiertas como el paisaje de la sombra. Y es allí donde la voz parece encontrar su lugar y su tono.
Los hijos imperfectos puede leerse también como un conjunto de poemas que se proyectan en la posibilidad y así, el sentido se transforma en búsqueda e interrogación. Ahora, hacia el final y en silencio, hay un ruego en el poema que cierra este libro:
Quisiera amanecer un día
y pedirle a dios
que detenga el movimiento
El movimiento continuo que debe detenerse para tomar impulso y volver a desear conocer el mundo y su paisaje por primera vez, recrear una ocasión que no sea definitiva ni irreversible: poemas que puedan articular otra vez las preguntas y los versos que ya no funcionan como respuestas terminantes, sino como breves poemas que se diseminan y que han sido abandonados.
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Lucas Margarit es poeta, profesor e investigador en la Cátedra de Literatura Inglesa en la UBA. Doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires y ha realizado su posdoctorado sobre la traducción y la autotraducción en la poesía de Samuel Beckett. Ex becario del British Council, UBA Doctorado, FNA. Publicó los libros de poesía, Círculos y piedras, Lazlo y Alvis, El libro de los elementos, Bernat Metge, elis o teoría de la distancia, Telesio. Brevissimo tratado sobre el asombro y Vestigios de lo que se puede ver. Entre sus títulos de ensayos figuran: Samuel Beckett. Las huellas en el vacío, Leer a Shakespeare: notas sobre la ambigüedad. Ha traducido y editado obras de William Shakespeare, Sir Philip Sidney, Margaret Cavendish, Henry Neville, W. H. Auden, Samuel Beckett, entre otros. Con el grupo de investigación que dirige en la UBA publicó tres tomos de textos utópicos ingleses (dos volúmenes con textos del siglo XVII y un tercero con Utopías del siglo XVIII) y Poéticas Inglesas del Renacimiento. Es miembro de la Samuel Beckett Society, de la Asociación Argentina de Teatro Comparado y de AINCRIT. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al portugués, al catalán y al italiano y están siendo traducidos al noruego.

