
Ya desde muy niño Böhme experimentó visiones y epifanías que, con el trascurrir del tiempo, se harían más fuertes y dejarían una impronta tan profunda no solo en zapatero más famoso de Görlitz, Alemania, sino en el devenir teológico, místico, filosófico y literario de Occidente. Su conocimiento sobre la Biblia, la alquimia de Paracelso y el neoplatonismo, sumado a su clarividencia y capacidad visionaria, le permitieron atisbar la divinidad y acariciar el sueño de contemplar el mayor de los misterios: Dios, la eternidad o la esencia de lo luminoso. Y es que para Böhme lo visible y lo sensible son también un modo de ser de lo invisible: así como el alma está escondida en el cuerpo, así lo está también el infinito no visible en lo finito visible, que es nuestro mundo. Mysterium Magnum es uno de los más bellos intentos por describir el orden cósmico y celestial, a sabiendas que el infinito es inabarcable e inaprensible para el ser humano. Böhme acabó de escribir el libro en 1623. Desde entonces solo se ha traducido el libro dos veces: una al inglés, otra al francés. Han tenido que pasar cinco siglos para que esta obra sea vertida por primera vez al castellano. Lo que el lector tiene entre las manos es un regalo divino. MONUMENTAL.
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