Conversamos con la traductora, docente, editora e investigadora argentina Micaela van Muylem sobre literatura poesía y lenguaje
YoEsOtro [YEO] Eres docente, investigadora, editora y traductora del neerlandés y del alemán. ¿Cómo conjugas estas disciplinas y oficios en tu vida laboral y profesional?
Micaela van Muylem [MVM] Yo soy la primera hija de una familia en donde se hablaban varias lenguas. Yo hablo neerlandés y alemán por mis padres y aprendí castellano después, en la escuela. Para mis padres siempre fueron muy importantes los idiomas y la literatura. No son académicos, soy la primera generación que hizo la universidad, pero les importaba mucho que sus hijos aprendieran a leer, que hablaran los idiomas de la familia y me enseñaron ambas cosas de muy chica. Y, además, de apasionarme los idiomas, lo que más me gusta es leer. Y lo segundo que más me gusta es compartir lo que leo. Creo que por eso me dedico a la docencia, porque soy profesora de literatura alemana y de traducción literaria acá en la Universidad Nacional de Córdoba. Enseño lo que me apasiona: lengua, literatura, traducción. Y creo que la traducción es una forma muy linda de leer en compañía, es una lectura compartida. Por otro lado, la investigación es parte de mi trabajo como docente e investigar sobre literatura y traducción es otra forma de leer, muy intensa. Y editar libros también es leer: buscar un texto, elegir un autor, revisar la traducción… En realidad ¡me paso el día leyendo! Eso es lo que me permite articular todo, los distintos ámbitos terminan encontrándose: mi investigación por ejemplo se centra en la literatura contemporánea neerlandesa y alemana, que es lo que traduzco. Y estos textos también son los que leemos en clase. Y la intención siempre es contagiar mi entusiasmo por todas estas áreas.
[YEO] ¿Qué es lo más difícil de enseñar a un/a estudiante de traducción profesional?
[MVM] Mi principal objetivo es entusiasmarles por la literatura y por traducirla. Doy una materia que es una introducción a la traducción literaria, pero no es el eje principal de la carrera, también hay otras áreas de traducción. Muchos de los estudiantes tienen un perfil más técnico, comercial, científico, jurídico. Porque observo en mi estudiantado que, con todo esto de las redes sociales, la inmediatez, lo fragmentario de la comunicación, la mediación de las pantallas, tienen cada vez más dificultades para concentrarse y leer un tiempo prolongado. Entonces en el mundo, por un lado, se lee y se edita muchísimo, pero por otro lado la gente tiene mucha dificultad de tomarse un tiempo, frenar y concentrarse en un libro. Mi objetivo secreto, que no está en los programas de estudio, es entusiasmarles por leer. Creo que cuando algo que te apasiona lo otro viene solo. Hay reglas para traducir, desafíos específicos en cada par de lenguas, truquitos que compartir, pero lo que me parece más importante es saber leer bien, entrenar la lectura. Hay que conocer la gramática de una lengua, sus reglas, los falsos amigos… Pero los desafíos más grandes en literatura surgen de lo que se sale de la norma, de la experimentación, de lo lúdico, de lo que no está en el diccionario. Yo trabajo mucho el «entrenar las antenitas», como digo yo, para ver qué es lo que puede tener un texto de raro, de especial, y cómo lo resuelvo en traducción. Creo que hay que estar muy atentos a lo que se nos puede escapar, eso es lo que hace una buena lectura para quien traduce: descubrir el juego, la experimentación que propone el texto.
[YEO] Has mencionado que hay alumnos que se decantan por la traducción por distintas intenciones: jurídicas, técnicas, comerciales… ¿Dirías que la demanda y el interés por los universitarios hacia la traducción literaria en alemán y/o neerlandés es alta o baja?
[MVM] No doy neerlandés en el grado, los cursos que damos en la Facultad de Lenguas son de adquisición de lengua y son abiertos a la comunidad, ahora los dicta una colega, Catalina Cepernic, también traductora literaria, así que en las clases siempre tratamos de introducir la literatura porque con ella se aprende lengua y además porque las dos nos dedicamos a eso, también. El alemán sí es un estudio de grado, y ahí hay todo tipo de intereses. Los estudiantes a veces dicen que le temen a la literatura, creen que es difícil. No es lo mismo traducir un documento público donde hay reglas muy claras (pero tiene otros desafíos importantes). Lo que se sale de las reglas es lo que da vértigo, pero también es lo más divertido, la que más placer da en el proceso de pasaje de una lengua a la otra, por la invitación a jugar con la lengua, de crear. El interés varía según los años y los grupos. Ayer una alumna me contó cómo le conmovió el final de una novela de lectura obligatoria en clase, lo cual no ocurre siempre, esta le tocó una fibra, y pensé «de eso de trata, todo lo demás no importa». Depende de los años… el desafío es lograr que la literatura les diga algo. Y luego quizás se entusiasmen también por la traducción literaria. O por la investigación, o la docencia. O empieza a leer más en la vida. Eso también es hermoso, para mí, es una maravilla si lo logro. Y luego, ¡a traducir eso que tanto te gusta!
«Mi objetivo secreto, que no está en los programas de estudios universitarios, es entusiasmar a mis alumnos por leer»
[YEO] Has dicho en alguna ocasión que «cada vez que traduzco pienso que lo que realmente hago es una retraducción». ¿Podrías ahondar un poco más en esta idea?
[MVM] Toda obra literaria o de arte es una traducción de algo que una persona experimentó y ha volcado a otro medio. Un poeta traduce su experiencia de mundo, sea la que sea y como sea, en una obra. Y eso que se ha traducido a palabras, yo la traduzco a palabras en otra lengua. Por eso siempre pienso que toda traducción es una retraducción. Eso también relativiza ese peso del original, en un pedestal, y mi traducción, a su sombra. Y con ello no quiero decir que haya que respetar muchísimo la obra que se traduce, sino que esa obra ya es, a su vez, la traducción de algo y me parece interesante pensarlo también desde la teoría de la intertextualidad: toda palabra ya ha sido usada, dicha, no hay nada original… Pero a su vez sí hay nuevas singularidades. Y descubrir eso me encanta.
[YEO] ¿Por qué decantarte por la traducción literaria y la edición de literatura, en especial de poesía? ¿Te resulta grato navegar a contracorriente, siendo que la poesía en términos editoriales no pasa por su mejor momento, sobre todo a la hora de apostar por autores desconocidos, sea en castellano o traducidos?
[MVM] Empecé traduciendo teatro, mientras estaba escribiendo mi tesis de doctorado. En ese proceso, y como parte de la investigación, traduje obras de mi corpus, para mi directora de tesis, que no hablaba neerlandés, y también como forma de compartir mi investigación con colegas y la gente de teatro, porque la traducción es eso, tender puentes, generar diálogos. Y lo que me gusta de traducir teatro y poesía es el trabajo con el sonido y la oralidad. Tengo la suerte de poder elegir lo que traduzco, que no siempre es el caso, lo sé, y me siento muy afortunada por ello. Me interesa mucho la poesía porque es allí donde la lengua se despliega, experimenta, juega y es lo que más me gusta hacer: jugar con la lengua, armar el rompecabezas de palabras, pensar cuál es la palabra justa, sumarme a ese juego que propone el texto. También traduzco narrativa y ensayo, esa traducción tiene un ritmo completamente diferente. Hay una autora neerlandesa que he traducido mucho que se llama Esther Gerritsen, y que viene del teatro y me di cuenta que me gusta por su carácter teatral, sobre todo de los diálogos. Me gusta porque sus novelas son una apuesta importante de trabajo con la materialidad de la lengua, de lo dicho y lo no dicho (y el silencio en la literatura es otro de esos temas que me obsesionan…). Y muchos de estos textos experimentales con los que me entusiasmo son los que llevo después al aula para compartir. Hace unos años publiqué una antología de poetas alemanas (Siete mujeres, poesía alemana actual, de la editorial cordobesa Detodoslosmares1) y la selección, en el fondo, fue un capricho personal: poesía que me gusta. Hubo también otros motivos: políticos, estéticos, artísticos, pero de fondo, el gusto. Y en cuanto a la edición, he estado en muchos proyectos, pero ahora con un gran amigo de hace muchos años tenemos uno que se llama Amphisbaena2, y hacemos libros saliéndonos totalmente del sistema. Empezamos el proyecto para compartir lo que hacemos nosotros: yo también me dedico a las artes visuales y él a la poesía. E hicimos varios libros en los que dialogan o se tensionan texto e imagen. Y luego incorporamos otras cosas. Mi amigo además tiene el taller en la casa, impresoras, guillotina, encuadernadoras… los libros son hechos 100% en casa, y cosidos a mano.
[YEO] ¿Goza la actual literatura neerlandesa de buena salud, tanto en poesía como en narrativa?
[MVM] Sí, hay una poesía súper interesante, experimental. Sin meter todo en una bolsa, tenemos a los Países Bajos por un lado y a y Bélgica por el otro. Son literaturas muy diferentes e interesantes. Hay mucha producción completamente diferente respecto de otros países de habla hispana o alemana. Hay, por supuesto, muchos puntos de encuentro, también. Sobre todo, pensando en la producción actual, que es lo que más conozco. Hay mucha experimentación y exploración en la lengua, y en el multilingüismo. Son dos países relativamente pequeños y sus hablantes tienen a veces una concepción de la lengua como inferior o menos interesante que las que tradicionalmente se consideran literaturas importantes, pero hay una producción enorme de literatura, y las lenguas no son cosas sumamente interesantes, aunque cuesta que circulen. Las editoriales son muy cuidadosas a la hora de publicar, de asumir un riesgo por un autor/a nuevo/a. En Argentina hay mucha producción de poesía y se publica mucha traducción, hay una cantidad enorme de festivales, encuentros y muchos proyectos editoriales independientes se autosostienen, no contamos con subsidios, apoyo estatal, es mucho esfuerzo personal. Creo que en los últimos años se está haciendo mucho por traducir literatura neerlandesa, hay dos fundaciones, la Nederlandse Taalunie y Flanders Literature que promueven la traducción de la literatura de Países Bajos y Flandes, Bélgica, respectivamente. Y por ejemplo la Universidad de Utrecht junto con la de Lovaina trabajan juntas en una institución que se llama «Expertisecentrum Literair Vertalen» o Centro de Experticia de Traducción Literaria, muy valioso para la formación de quienes traducimos del y al neerlandés. Yo he sido alumna y ahora docente del espacio, y es hermoso poder compartir con colegas y aprender.

[YEO] ¿Te animarías a comentarnos algunos de los rasgos característicos de la actual poesía en neerlandés y/o en alemán?
[MVM] Es difícil generalizar… y hay una diversidad muy grande y también hay una selección por mi parte de lo que me interesa leer a mí… ¿no? Algo que me encanta es el trabajo con la materialidad de la lengua, muy diferente en los distintos territorios. Porque es lo que más me gusta traducir, claro. Hay una poeta flamenca, Ruth Lasters, me parece maravilloso lo que hace con la sintaxis. Una tensión y experimentación con las posibilidades de la frase que muchas veces no se puede trasladar al castellano, porque la sintaxis del neerlandés tiene una estructura parecida a la del alemán, con una forma y orden más fijos que en el español y eso se pierde en la traducción, o hay que recrearlo con otros recursos. Hay que alejarse para quedarse cerca del texto: el desafío es cómo hacer para trasladar un texto de una lengua a otra, cada una con sus propias lógicas, sus tradiciones, sus posibilidades. Hay recursos que funcionan en un idioma y no en otro, hay que buscar alternativas para transmitir un efecto de lectura similar. A Ruth la traduje para Viento de fondo3, también de Córdoba —para la editorial de Gastón Sironi también traduje a Radna Fabias, su poemario Habitus es una bomba—4. Otro ejemplo: Maartje Smits5 es una poeta neerlandesa que también me encanta, cuando la contacté por el primer libro que traduje de ella, subrayó que le importaba mucho el sonido y su poética se inclina más hacia lo sonoro que hacia el sentido. Bueno, en realidad no podemos decir eso, porque la forma, el sonido, es lo que crea el sentido significado, claro. Smits escribe en neerlandés, con mucha presencia de inglés y alemán en la poesía. Y, como le importaba mucho el sonido, me grabó todo su libro Cómo empecé un bosque en el baño (que salió publicado en Eloísa Cartonera6) Y me encantó, yo cada vez que traduzco poesía busco videos de la persona recitando los textos, para escuchar su voz, la cadencia. No es siempre el texto que traduzco, y menos que menos todo el libro, pero sí me hago una idea de cómo le suena a esa persona su texto. Y con Maartje pasó algo hermoso, le pasé luego el libro en castellano a un amigo compositor, Marcos Franciosi, que trabaja mucho con música y literatura y le encantó y compuso una pieza para un ensamble (piano, clarinete y cello, voces) y electrónica con la voz de la poeta, procesada7. Hubo, por tanto, una traducción más: se tradujo al castellano y luego a otra disciplina artística. Y funcionó muy bien porque su poesía tiene esa sonoridad tan fuerte, ese juego con la materia.
[YEO] Hagamos ahora un giro de 180º ¿Qué se conoce en los países de habla alemana y neerlandesa sobre la literatura contemporánea en castellano? Y para los lectores en dichos idiomas, ¿hay alguna diferencia entre la literatura española y las literaturas latinoamericanas, que ya de por sí son muy diversas? ¿Distinguen ellos una de otra?
[MVM] Es súper interesante eso. Se traduce mucho y observo que hay mucho interés. Hay en este momento un Boom de autoras de ficción argentinas como María Gainza, Mariana Enríquez, Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara… También se traduce mucha poesía, hay un montón de proyectos. Hace poco tuvimos esa charla con colegas sobre si mencionar o no el país de origen, del cual se traduce el libro: si español de España, de Colombia, de Argentina… Y para quienes traducimos está el interés siempre, porque es parte de la diversidad. Y por suerte en el mundo editorial hay una tendencia creciente a mencionar a quien traduce, y también, en el caso de la traducción del español, que tiene un territorio tan amplio, mencionar dónde se escribió el texto que se traduce. Eso es muy lindo porque muchas veces quien lee no es consciente ni siquiera de que está leyendo una traducción. El famoso «Oh, yo he leído a Poe», pero no leíste a Poe, sino a Cortázar o a quien lo haya traducido. Y este pequeño gesto, de dos líneas en los créditos o de un nombre más en la tapa, es un enriquecimiento.
[YEO] En tanto investigadora, tus áreas de interés están orientadas hacia la literatura comparada, la traducción literaria y las artes visuales. ¿Cuáles son los nexos que encuentras entre ellas?
[MVM] En el teatro contemporáneo hay muchas disciplinas en la escena: arte visual, performance y distintos géneros literarios también. Hay textos presentados en pantallas, videos… Eso me parece muy fascinante. Además, siempre me ha llamado la atención la literatura multilingüe (eso de vivir entre lenguas deja sus huellas) y las disciplinas artísticas donde confluyen diversos lenguajes artísticos. Estudié letras y artes visuales a la vez, y siempre fueron lenguajes que para mí estaban muy cerca. Agamben, en La comunidad que viene, propone pensar la convivencia en comunidades inesenciales, es decir, no en comunidades que se sostienen en una esencia, como la religión, la Nación o una ideología política. Hay que apuntar a la convivencia de la diferencia, algo que me parece fundamental, en un tiempo de globalización, totalitarismos y discursos de odio es importantísimo recordar que la convivencia con el otro es desde la diferencia. Y me parece eso es a lo que se apuesta en este tipo de obras, a convivir con el otro, sin borrar diferencias ni armonizando forzosamente, sino siendo conscientes de esa tensión y esa complejidad, porque estos distintos lenguajes artísticos e idiomas en la literatura multilingüe generan tensión. En un texto neerlandés, por caso, de Smits, puede haber hay una palabra alemana que puede remitir tanto al opresor durante la Segunda Guerra Mundial, o a la filosofía de Nietzsche, o a la tradición literaria de Goethe, o al país hermano. ¿Cómo funciona esta palabra, este elemento extraño, en un texto? ¿Funciona como algo que se integra, como algo que hace ruido, como algo que entiendo, pero es un falso amigo? A mí me interesa mucho porque pasa también en la relación texto-imagen. En poesía siempre tenemos la puesta en página, la palabra que hace un dibujo en la hoja y dialoga con el vacío alrededor. Es importante el trabajo tipográfico, que es visual. La materialidad que a veces se deja de lado, me interesa estudiarla, a veces nos enfocamos en las palabras del poeta y no cómo esas palabras están editadas. Y yo concibo el trabajo editorial también como la construcción de un objeto artístico. Un catálogo editorial, una revista tienen una estética, una poética, una política determinada y ahí hay una labor visual y de contenido que van de la mano. Qué colores elijo, qué autores pongo en diálogo, cómo es la tapa, por qué tapa dura, por qué tapa blanda. Todo tiene un contexto que me interesa explorar. Hay una investigadora argentina, Florencia Garramuño, que habla de la inespecificidad en el arte y analiza arte latinoamericano en que confluyen diferentes lenguajes artísticos. Música y performance; texto e imagen. Hay poemarios ilustrados, obras colectivas, teatro con texto proyectado en la pantalla con subtítulos, y a la vez esta tipografía puede convertirse en un juego muy particular, como en un libro. Jan Lauwers, director y dramaturgo belga, con quien también he trabajado mucho, dice que el sobretítulo en su obra a veces es un personaje más en escena8. La tipografía utilizada transmite mucho y produce un efecto de lectura al público. No es solo un medio para que entendamos al actor. Se publica poco en libro lo que se escribe para la escena, pero hay una exploración en la puesta en página de textos teatrales que genera un efecto de lectura que hace que quien dirige o actúe lo perciba de un modo distinto. Lauwers le ha sacado el jugo en Lobstershop9. O, por mencionar a Heiner Müller, un ejemplo ya clásico casi: el dramaturgo alemán trabajaba mucho la mayúscula sostenida y no solamente es para «gritar más fuerte el texto», es más complejo.

[YEO] Como ocurre con la escritura, en la traducción tampoco existe una única manera de traducir. ¿Qué opinión tienes de las traducciones hechas por poetas o escritores con un acercamiento más libre, «con licencia para crear», por llamarlo de alguna manera? ¿Crees que en una traducción pesa más el rigor, la libertad o el libertinaje?
[MVM] En Argentina está muy maltratada actualmente la palabra «libertad», ha sido muy bastardeada por quienes nos gobiernan en este momento. Al margen de eso, no puedo dejar de mencionarlo, porque la libertad se entiende de muchas maneras diferentes, pero no hay que olvidar que de la mano de mayor libertad hay mayor responsabilidad, es una cuestión de ética. Y en la literatura, pero, sobre todo, de poesía, hay muchas opciones de traducción, tantas como personas que traducen el texto. En teatro estamos habituados a que haya versiones de un texto, porque queremos hacer acontecer aquí y ahora lo que se escribió en otro tiempo y espacio. Hay mil versiones o adaptaciones de Hamlet, y cada una dice de la realidad del momento y del lugar en que se pone en escena. Allí es común que haya una versión más libre en la traducción, también. Y no es posible una traducción palabra por palabra, puede quedar una cosa espantosa e ilegible. En el otro extremo tenemos una versión que es una reinterpretación. Tomo de nuevo a Heiner Müller, él tradujo Hamlet y mientras lo hacía escribió otro texto que se convirtió en Hamletmaschine o Máquina Hamlet, traducción muy muy libre y que, a su vez, se convirtió en una obra emblemática para el teatro posdramático, diría Lehmann. Quiero decir: hay un abanico muy grande de posibilidades de qué hacer con un texto. Lo que yo normalmente hago es traducir para una editorial con un contrato donde pactamos que voy a traducir fielmente el texto. No hago versiones libres, tampoco en teatro. Traduzco el texto de manera que luego, quien lo dirige, actúa o lo recrea pueda tomarse sus libertades. A veces lo hacemos en colaboración con la compañía teatral, a veces no.10 Y así como en el teatro, en la poesía. No me apropio de un texto, no es un texto de Micaela, sino que le presto mi pluma o teclado a Jan Lauwers, a Maartje Smits, a Ruth Lasters. Yo les presto mi voz, como si fuera una actriz, pero la voz es de esta otra persona. Entonces, cuando traduzco no digo: «yo lo diría así», porque no soy yo, es de Ruth Lasters, es una belga que vive en Amberes y que habla de un modo particular. Yo trato de acompañarla, no es mi palabra, no es mi voz. Otra cosa que me parece interesante es la libertad porque para traducir, sobre todo en poesía, debo alejarme del original para permanecer fiel, como decía antes, porque si me quedo pegadita a la palabra voy a traducir, eso no es poesía. Cuando traducimos literatura no traducimos palabras, ni siquiera versos o frases, traducimos la poesía, traduzco un efecto de lectura, un experimento. Por ello, para ser fiel a la poesía me tengo que alejar, porque cada lengua tiene cosas que funcionan. En alemán el verbo va al final y sostenemos la tensión de la frase porque estamos esperando este verbo. En castellano esto no existe, entonces esta tensión la debo generar de otro modo. Yo siempre doy un ejemplo fácil del neerlandés, donde se puede repetir la misma palabra muchas veces y eso no genera ruido. Pero en castellano eso es casi un tabú, tendemos a usar sinónimos. Por ello tengo que estar atenta y ver, observar y leer bien: ¿esto es un recurso del texto? ¿el/la autor/a está repitiendo la palabra intencionalmente o es algo que pasa desapercibido porque el neerlandés es así? Otro ejemplo: como en el inglés, en el neerlandés no hay marcas de género y yo puedo escribir un poema en donde no se sabe si el yo lírico es masculino o femenino. Eso es propio de esa lengua. En una traducción muchas veces tengo que elegir, y para ello debo conocer los dos sistemas lingüísticos, las dos tradiciones literarias y así poder alejarme del original, pero a su vez permanecer muy cerca. Esa libertad que he de ejercer viene de la mano de algo que la gente suele olvidar: la responsabilidad. No puedo hacer lo que me da la gana, o puedo hacerlo, pero entonces ya deja de ser un texto traducido, pasa a ser un texto mío. Pensemos en Máquina Hamlet, es una traducción, sí, pero también otra cosa, es un desquicio buenísimo. No podemos decir que es una traducción del Hamlet de Shakespeare, sino «basado en», «inspirado en». Mi objetivo es que, si alguien lee un texto en una lengua y en la traducida, ambas personas puedan conversar sobre una misma obra: o más o menos lo mismo: por decir una pavada: «este texto es muy experimental» o «qué texto más sórdido» o «qué linda melodía».
[YEO] Para el traductor actual ¿son las IA una amenaza o una herramienta que beneficia?
[MVM] Mucha gente está encantada con la IA en distintos ámbitos, no solo en la traducción, pero en esta, hubo un momento en que se sintió la amenaza: «¡ah, nos van a quitar el trabajo, no vamos a ser necesarios!». Yo creo que más prescindibles que quienes traducimos van a ser los abogados, arquitectos, contadores, porque la IA puede hacer mucho más fácilmente la traducción de un escrito que siempre es igual, y sustituir a la persona en la contabilidad, en la administración, en lo jurídico, en la arquitectura. La IA está haciendo muchos trabajos mecánicos muy bien, o eso parece, y habrá que aprender a trabajar con ella. Admito que no conozco mucho la IA, lo poco que sé lo hice como capacitación, en tanto docente, porque me interesa dialogar con mis estudiantes que sí la usan mucho. Yo siempre digo que en el aula hay que aprender a traducir como persona, no les permito usar recursos en primera instancia. Primero hay que aprender la lógica del oficio y luego vemos si y cómo me sirven las herramientas, porque si yo confío en ella y no sé cómo se traduce, voy a creer que lo que hace la máquina está bien. De hecho, algunas colegas se dedican a lo que es la postedición, que es revisar traducciones hechas por máquinas y a mí me parece algo aburridísimo. Además de muy peligroso, pues se pasan muchísimos errores. La IA, como el Chat GPT, está hecha para gustar al usuario y no contradecirle, nunca te va a criticar, siempre va a tratar de quedar bien. Hay que tener mucho ojo y aprender a corregir distinto a como cuando corregimos traducciones hechas por personas, donde hay un intercambio, ya que esto otro funciona por estadística, por algoritmo, aunque mucha gente lo «personifique» eso es en realidad lo que más miedo me da, que la gente cree que habla con un ser real… Es perverso eso. Como a mí me gusta jugar con la palabra, disfruto de lo artesanal de la traducción, de la investigación, de la creación, no me interesa para nada trabajar con IA. Es más, cuando me digan que revise traducciones hechas por una máquina me dedicaré a otra cosa. Este tipo de traducciones automatizadas pueden servir quizás para la función pragmática y comunicativa de la lengua, pero la literatura no tiene esta función. La poesía no comunica lo que dice, comunica lo que no. Nos invita a detenernos, a leer lento, a pausar, a extrañar, a generar un extrañamiento, a pensar. Y entra aquí también la cuestión de la ética. Hay editoriales que te hacen firmar un contrato en que se prohíbe usar IA porque todo lo que volcás en esos sistemas pasa a ser de su propiedad. Los derechos de autor se ven vulnerados. Más allá de ello, es una herramienta que habrá que aprender a usarla, ver cómo se desarrolla, ver qué nos sirve y qué no. De nuevo: personalmente, yo disfruto con el proceso de traducción, es una alegría, una felicidad. No pienso darle el gusto a la máquina. Para ello me dedico a la docencia, a investigar o a hacer mermelada. Hace poco le comenté a un colega sobre mi investigación sobre el silencio en la literatura, y le compartí que estoy leyendo mucha teoría, pensado en cómo relacionar los autores y me dijo (me quedé helada, pero parece que es una práctica cada vez más habitual) «por qué no metés todo en un Chat GPT y que te lo resuma». Le respondí que eso no tiene gracia, para eso no me dedico a esa tarea. Además, la máquina puede resumir, pero no hace conexiones teóricas interesantes. Que me ayude como corrector ortográfico, que vea que la bibliografía está bien citada. La investigación y la traducción literaria son una actividad intelectual, de pensamiento, creativa, y divertida. Entiendo que haya gente que esté fascinada con la IA, cree que les resuelve la vida, tal vez sirva para traducir un email o como turista: «a ver, cómo llego a la Torre Eiffel»…
La poesía no comunica lo que dice, comunica lo que no. Nos invita a detenernos, a leer lento, a pausar, a extrañar, a generar un extrañamiento, a pensar.
[YEO] Dentro del mundo de la traducción hay traducciones de traducciones. Por ejemplo, recuerdo haber leído Doctor Zhivago traducido al castellano desde el francés y no del original ruso ¿Qué opinión te merece esto?
[MVM] Sí, ha ocurrido muchas veces, pasó con Kafka, que lo leímos primero traducido del francés. Y de por sí el de Kafka es un buen caso de una traducción de una traducción, porque lo que Max Brod editó y publicó fue su versión de Kafka, censurada, con numerosos agregados y eliminaciones. Entonces, cuando yo traduzco a Kafka, sé que también es la traducción de Max Brod de Kafka, si me baso en esa edición. Más allá de este caso puntual, hay muchas traducciones indirectas, mediadas por otra lengua, en ocasiones no hay otra posibilidad, porque no tenemos a nadie que traduzca en cierta combinación de idiomas. Ocurrió también con el neerlandés, traducido a algunas lenguas para la cual no había traductores y se basaron por caso en el inglés. Creo que lo importante es visibilizar y decir «Doctor Zhivago traducido del francés que fue antes traducido del ruso». Creo que ahora las editoriales tienen más conciencia y son más cuidadosas. Deleuze y Guattari, por ejemplo, para escribir Kafka o por una literatura menor analizaron a Kafka traducido al francés. Y pasó una cosa interesante, el traductor al castellano de este libro incluyó una nota al comienzo del libro en que aclara que los textos citados en esta obra eran traducciones de las versiones francesas, las que leyeron Deleuze y Guattari. Si él hubiera optado por recurrir a traducciones directas del alemán al castellano, publicadas, probablemente no se hubiera comprendido la interpretación de los franceses. Y me gustó mucho esa aclaración, porque explicita que en cada traducción hay una interpretación.

NOTAS
- https://www.editorialdetodoslosmares.com/catalogo/ ↩︎
- https://www.instagram.com/editorial_amphisbaena/ ↩︎
- Página de la poeta: https://ruthlasters.com
Editorial argentina: https://vientodefondo.com/fotometros-lichtmeters/ ahí se pueden leer varios poemas de ella. ↩︎ - Radna Fabias: https://vientodefondo.com/habitus/ ↩︎
- https://www.instagram.com/maart_smits/ ↩︎
- Eloísa Cartonera: https://www.instagram.com/eloisacartonera/ ↩︎
- Aquí pueden escuchar Natuur, de Marcos Franciosi, en su estreno en Córdoba, en 2024. https://www.youtube.com/watch?v=y–WB6zRzBk ↩︎
- Aquí hay un artículo interesante sobre el funcionamiento de sobretítulos en el teatro: http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/telondefondo/article/view/10255 ↩︎
- Aquí algo sobre la obra de Lauwers: http://revistasic.uy/ojs/index.php/sic/article/view/155 ↩︎
- Acá pueden leer un ejemplo de lo que hicieron unas colegas y amigas en Montevideo: http://revistasic.uy/ojs/index.php/sic/article/view/505 ↩︎
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Micaela van Muylem [Córdoba / Argentina, 1979] estudió Letras Modernas y Bellas Artes en Córdoba, y se ha especializado en traducción literaria en Alemania, Bélgica y los Países Bajos. Es profesora de Literatura Alemana y de Traducción Literaria en la Universidad Nacional de Córdoba. Su investigación se centra en la poesía y el teatro contemporáneos en relación con otras artes, y su traducción. Ha publicado artículos en revistas científicas argentinas y extranjeras y libros y capítulos de libros y ha traducido más de una treintena de obras del alemán y neerlandés para editoriales y compañías teatrales argentinas y extranjeras. Sus traducciones de teatro han obtenido en dos oportunidades el premio a la traducción «Teatro del Mundo» de la Universidad de Buenos Aires. Asimismo, ha obtenido dos veces el premio en la categoría traducción de ALIJA (IBBY Argentina) por sus traducciones de literatura infantil. Su antología de poesía alemana contemporánea Siete mujeres ha obtenido la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes (Argentina). Es editora independiente (Amphisbaena y suono mobile editora) y artista visual.

